Para dar comienzo a un proceso de captación, hay que desestabilizar al sujeto.
Es decir, invalidarlo, hacer que su forma de comprender el mundo sea inoperante y descalificar su visión del mundo o, eso que, en definitiva, en términos seudo científicos podríamos llamar "el software del que se sirve para interpretar los datos exteriores"; de esta forma, se minan las defensas que protegen al sujeto contra lo nuevo y lo insólito.
En este estado de perplejidad, de duda, de inquietud y de puesta en cuestión del fundamento de sus convicciones anteriores, el sujeto se hace receptivo, y, mediante su motivación, se consigue convertirlo en un ser dócil.
Para una rápida desestabilización, se emplean técnicas de modificación de la consciencia.
La consciencia experimenta variaciones progresivas, que van desde la extrema vigilancia hasta el sueño. Todo el mundo experimenta esas variaciones:
En terapia, la hipnosis puede provocar el efecto máximo, pero hay muchos estados intermedios. Todas las terapias producen un cierto efecto de desestabilización. Este efecto se da también en las técnicas de propaganda, de publicidad, y del entrenamiento militar o deportivo.
Ciertas técnicas aquí descritas son de uso común en el mundo de la publicidad, de las ventas, de la dirección, de la política, pero aquéllos a los que van dirigidas las identifican más fácilmente, y, dado que los creadores saben que la legislación establece un límite para su uso, las consecuencias no suelen ser tan graves.
Por otra parte, hay que hacer una distinción entre la captación y el compromiso ante una causa, que consiste en una actividad no irreversible, y que puede tener una duración limitada en el tiempo. Esta actividad no está al servicio de ninguna jerarquía nombrada a sí misma, y mantiene una gran capacidad de decisión. Puede que los compromisos sean importantes, pero no se altera deliberadamente el espíritu crítico.
Procesos de manipulación
Los muy diversos procesos que se utilizan tienen en común el hecho de organizar la regresión psicológica del adepto, mediante el recurso exclusivo a lo inmediato y a la búsqueda de la similitud.
El encierro en una especie de fortaleza que solamente habitan los semejantes (completamente formados, o en vías de formación), asediada por los extranjeros-enemigos, y en la imposibilidad de aceptar las diferencias de los demás (de los que no están de acuerdo). La obligación de practicar un proselitismo permanente: cuanto más fuerte es la resistencia de los "enemigos" hacia el grupo, más se refuerza su creencia en el grupo.