REDUNE asociación para la prevención de la manipulación sectaria

GUÍA PRÁCTICA

SECTAS Y RELIGIÓN

Muchos de los grupos sectarios totalitarios se autodefinen como "nuevos grupos religiosos". Con ello esperan ganarse un cierto respeto. Reclaman para sí un estatus, que en muchos países puede suponer, entre otros, generosas ventajas fiscales.

Es, por tanto, importante aclarar los principales criterios que permiten afirmar que un grupo tiene por objetivo imponer creencias de forma autoritaria, mediante el empleo de diferentes procesos manipuladores y totalitarios.

La lógica sectaria es diametralmente opuesta a cualquier espíritu de búsqueda

Los grupos intrínsecamente sectarios y totalitarios tienden, desde el principio, a disimular sus objetivos bajo una apariencia religiosa, espiritual o filosófica.

Una religión que "triunfa" demasiado fácilmente comporta muy a menudo elementos organizativos con una tendencia nefasta al sectarismo y al totalitarismo.

Sin embargo, es importante insistir en que las grandes organizaciones religiosas de corrientes sanas y de una religiosidad auténtica suelen tener una obstinación tenaz.

La lógica de los grupos sectarios y totalitarios es diametralmente opuesta a cualquier espíritu de búsqueda. Su objetivo no es hacer que el individuo progrese en el camino de la sabiduría. Muy al contrario, estos grupos pretenden estar en contacto inmediato con la fuente trascendente, por medio de un "profeta", un "iniciado", o, incluso, de una encarnación divina. Y, a partir de ahí, todo cuestionamiento personal carece de objeto.

Las necesidades que fomentan estos gurús no son sino la necesidad de la ética que pone en evidencia la trascendencia que distingue al ser humano del animal. Los deseos primarios por el deseo de poder son los únicos que ellos activan.

Cuando lo particular ha perdido la referencia trascendental, las diferencias dejan de tener sentido, y deben ser eliminadas. Los criterios para reconocer la realidad se hacen difusos. El que es diferente no es ya Otro (con los mismos derechos) con quien se establece una relación mutualmente enriquecedora. Se convierte en un extraño, y, por tanto, en un enemigo potencial.

El deseo de semejanza, de estar de acuerdo con un modelo único (y un pensamiento único) establecido por la Autoridad, se manifiesta en el gusto por un atuendo uniforme, en la adopción de un modo de comportamiento estandarizado y en el empleo de una jerga que aísla al grupo del exterior.

La semejanza sólo puede ser completa si se eliminan las filiaciones naturales (familiares, culturales, etc.), y se sustituyen por las del grupo ("tu padre es el gurú, tu familia es el grupo"). La ruptura con el mundo común es absoluta. Este mundo común sólo puede existir para ser dominado y explotado.

El adepto está atrapado en una tela de araña de una doctrina construida con el tejido compacto de una infinidad de detalles sacralizados. Cada punto reenvía circularmente a otros de manera rígida, y, en una estructuración paranoica, no deja el más mínimo espacio de libertad al pensamiento. El espíritu ha desaparecido, y sólo queda la letra.

Nadie está a salvo

Sorprende la rapidez con la que individuos que creíamos equilibrados y cultos caen en manos de grupos con una pobreza intelectual y espiritual a la vista de cualquier mirada imparcial y exterior. Es verdad que las manipulaciones psicológicas, e incluso físicas, están siempre a la vista, pero es importante entender que de nada servirían, si no fuera por estas condiciones previas que son necesarias, y que pueden encontrarse reunidas en cualquier proporción:

  • Carencias culturales profundas en lo referente al empleo del pensamiento racional
  • Situaciones de crisis personales y vitales en el momento de la captación.
  • Carencias espirituales graves.

No disponer de una ayuda externa fiable y compasiva lleva a aceptar como liberador cualquier grupo cuya función es, precisamente, la de eliminar los cuestionamientos que generan angustia.

La disolución casi inmediata de la angustia en la euforia por el abandono de uno mismo al grupo y a su supuesta sabiduría, es tan gratificante que el neófito renuncia de buena gana a las singularidades que hacen de él un individuo, para diluir su individualidad, con sus problemas, en el conformismo del grupo.

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