El proceso de captación
La captación de un individuo por un grupo sectario totalitario ocurre muy a menudo cuando la víctima se encuentra en un estado de debilidad, vulnerabilidad o desamparo moral. A todos nos pueden desestabilizar temporalmente las circunstancias de la vida. Puede tratarse de la familia, de un ideal, religioso o no, de problemas de salud, del futuro personal, de relaciones sociales o afectivas, o, incluso, de cuestiones sobre el futuro mundial, como la contaminación, la ecología o la política.
A partir de ese momento, el mundo del sujeto perderá completamente su coherencia.
Esta situación de angustia y de falta de sentido insoportable conduce a querer refugiarse en una regresión psíquica. Es, precisamente, esta regresión psíquica lo que planean y explotan los grupos sectarios totalitarios.
Los procesos psíquicos infantiles están marcados, no por una búsqueda de coherencia, sino por una necesidad de congruencia."Congruencia" significa "lo que va junto", e, incluso más simplemente, la constatación de una cierta similitud.
Todo esto constituye el fundamento mismo del pensamiento mágico primitivo. No es extraño encontrar en estos sujetos una búsqueda obstinada de milagros y poderes sobrenaturales, o, incluso, una pasión por las llamadas "medicinas" paralelas.
Más frecuentemente, estos procesos culminan con una visión del mundo simplista e inquietante, maniquea y sin matices, como puede observarse en los niños pequeños. Éstos suelen estar completamente satisfechos cuando son capaces de clasificar las cosas en "agradable" o "desagradable", "bueno" o "malo", "bien" o "mal".
Cada grupo sectario totalitario especializa su "víctima" en alguna de las grandes preocupaciones existenciales que pueden ser rebatidas. Sus adeptos están manipulados para que busquen personas con dificultades en aquel dominio en el que la secta pretende ser capaz llenar sus aspiraciones insatisfechas.
De todo esto se concluye que: "Tú sólo no puedes lograr nada, pero con nosotros y con la sabiduría de nuestro grupo, podrás conseguirlo todo".
La secta encerrará al sujeto, con el pretexto de revelar al adepto las soluciones a sus problemas, en una lógica primaria de un mundo construído con una red de creencias inextricable, que rechaza cualquier análisis libre.
En un sistema así, no hay más que "semejantes" y "extraños". "Extraño" significa "el que está fuera", en un mundo tan diferente que no podría participar de un patrimonio común, ni de ninguna similitud con lo "semejante". A lo más, se podría tolerar que se convierta en semejante, si se adapta al modelo común de "los semejantes".
Un "extraño" no puede, por tanto, reivindicar ningún tipo de igualdad de derecho, ninguna libertad, ni ninguna fraternidad.
Las reglas morales en vigor entre los "semejantes" no le serán aplicadas, porque él es de "fuera". Si no acepta someterse completamente a las reglas de los "semejantes", será sencillamente un enemigo para la secta, un ser peligroso, y, por tanto, habrá que neutralizarlo por todos los medios.
Se percibe que en ese "afuera", no puede existir ningún Otro más, porque se reconoce al Otro por la aceptación de sus diferencias, dentro de una coherencia que lo integra en el mundo de una filiación común.
Para un sujeto cuyo mundo ha perdido coherencia que tenía, cualquier inclusión en un mundo alternativo está condicionada por la adopción de un conformismo ciego y total, según el modelo predicado por un gurú que está en posesión de certitudes absolutas.
De hecho, estos grupos rechazan los valores que son la base de la democracia (Libertad, Igualdad, Fraternidad), pero también la posibilidad de aceptar al Otro como tal, con todas sus diferencias dentro de una filiación común.
Son, por tanto, grupos totalitarios. El diccionario Le Petit Robert define este adjetivo del siguiente modo: "Un sistema que no admite ningúna oposición y en el que el poder manda con plena soberanía, e, incluso, tiende a confiscar todas las actividades de la sociedad que domina".
Y, son, al mismo tiempo, grupos sectarios. "Sectario" según el diccionario, es una "característica de los grupos con un fanatismo exaltado y opiniones rígidas, que practican la intolerancia".
Estas dos definiciones reconocen las consecuencias de los comportamientos psíquicos primarios y de la carencia de cuestionamiento permanente reemplazada por la adhesión ciega a las certitudes
"Ahora tu padre es el gurú, y tu familia es el grupo".
Los grupos sectarios totalitarios no pueden aceptar la pertenencia a ningún otro grupo. Por esta razón, todos ellos ponen en práctica sistemas de ruptura de filiaciones: familiares, nacionales, culturales, religiosas, sociales, lingüísticas.
Las rupturas familiares provocan el rechazo de aquella familia que no se adhiera al grupo, incluido el cónyuge. Se truncan los proyectos de la carrera profesional, se abandonan las responsabilidades sociales y se desvalorizan las tradiciones religiosas. Se borra la pertenencia nacional, en beneficio de las ambiciones políticas internacionales del gurú.
El "exterior" demonizado
La demonización del exterior, el mito del complot universal persecutorio, al igual que la práctica del "chivo expiatorio", provocan la agresividad violenta de una defensa "preventiva".
La opacidad de las estructuras responde a la imposibilidad de verificar objetivamente las bases fundacionales míticas del grupo y de sus doctrinas.
El peligro destructor de estos grupos para los individuos, las instituciones y la cultura es enorme, y no debe ser subestimado. Su carácter intrínseco permite que estos grupos realicen todo tipo de infiltraciones y manipulaciones.
Intentar observarlos desde sus "convicciones" o "ideales" sería un error, y nos llevaría a caer en el juego de estar de acuerdo con tomar en cuenta a priori sus apariencias engañosas. Y el quid del problema es otro.
Lo que verdaderamente importa es detectar las reacciones y los comportamientos inaceptables.
Cualquier organización humana, cualquier órgano de poder, tiene tentaciones sectarias y totalitarias. Reconocerlas, incluso en las organizaciones más respetables, y luchar contra ellas es el deber de cada uno de nosotros. Sin embargo, ello no minimiza la nefasta responsabilidad de los grupos, ni excusa a éstos.
Los grupos sectarios totalitarios son peligrosos
Para el individuo:
Porque la pérdida de la noción de ciudadanía mediante la adhesión a un grupo desarrolla una identidad de clan opuesta al ciudadano individual que constituye parte de la sociedad.
Para la sociedad:
Porque crea zonas que escapan al derecho. Las leyes del "gurú" o las del grupo son declaradas superiores a la ley del Estado. Se rechazan tanto la ciencia, como los adelantos científicos. Se trata, en definitiva, de un retorno al mundo paralelo (medicina paralela, educación y pedagogía alternativas, nueva economía, nuevo urbanismo, etc.) y de un retorno a una tradición sesgada.